Sobre fachadas y belleza decadente

Sobre fachadas y belleza decadente

Para todo aquel que haya tenido la oportunidad de pasear por La Habana, aparte de sufrir las inclemencias del sol y la humedad caribeña y dejando aparte las particularidades de ser turista en un país tan absolutamente dependiente del turismo, llama poderosamente la atención el estado de abandono general de la ciudad en especial de sus fachadas. Los escasos recursos del gobierno de la isla parece ser nunca han sido suficientes como para llevar un adecuado mantenimiento de las mismas y son muchas, la mayoría, las que necesitarían una completa rehabilitación en todos los sentidos.

Aun así cualquiera con un mínimo de sensibilidad será capaz de disfrutar la contemplación de las mismas experimentando el gozo de la tan manida “belleza decadente” que nos asalta desde esos ventanales sin ventanas, esos frisos descompuestos (más de uno llevará el recuerdo en su cabeza en forma de puntos de sutura) o esos muros desvencijados en los que la superficie del desconchado supera a la de la pintura original.

Y sí, las fachadas  son la carta de presentación de un edificio, un testigo mudo de su historia, un reflejo de lo que allí ha sucedido a lo largo de los años, pero también son la pared exterior de un cerramiento, la estructura que permite dar privacidad al interior y actúa como barrera protectora ante los fenómenos climáticos...y es entonces cuando uno piensa ya no como turista contemplativo e intenta ponerse en la piel de ese anciano que te mira distraído desde ese deteriorado balcón sin ventanas que lo protejan, con agujeros en el propio muro y estás seguro de que preferiría no mojarse en el interior cuando llegan los violentos temporales o asarse de calor durante la mayor parte de los días de su vida.

Por que sí, en las fachadas reside la identidad del edificio y ésta la percibimos a través de sus materiales, volúmenes, proporciones o elementos decorativos pero cuando hace frío o calor o una humedad terrible las cuestiones estéticas pasan a un segundo plano. Y volvemos de nuestro viaje y nos damos cuenta de que aquí afortunadamente los edificios de valor histórico artístico se rehabilitan y a la vez se adaptan para protegerse de las inclemencias y agresiones del tiempo, y en los de nueva construcción la estética y la funcionalidad de un adecuado aislamiento térmico y/o acústico pueden ir de la mano en perfecta armonía.

ventiladas

Y que no es sólo eso, que hay todo un mundo detrás, que aquí podemos dar solución nada más aparezcan las primeras fisuras, grietas o problemillas con las juntas de dilatación. Que se entra en detalles como la calidad del mortero y que podemos estar seguros de que así el trabajo hecho sobre la fachada perdurará y tendremos la garantía de que no volverán a aparecer desperfectos en un corto período de tiempo.

Que si no te gustan los tonos rojos, puedes ir a los verdes o a los azules porque existen paneles y placas para fachadas ventiladas, que además de ofrecerte las mejores prestaciones térmicas porque restituyen mejor el calor absorbido, son decorativos y permiten cantidad de opciones de color. O que existen sistemas para fachadas con placas de cemento capaces de integrar perfiles, materiales de aislamiento, placas de yeso, morteros para juntas y opciones de acabados para exteriores.

Y entonces te entra nostalgia de las vacaciones y vuelves a acordarte de aquel anciano de La Habana y piensas que si algún día vuelves a ir, te gustaría verlo de nuevo observándote desde ese mismo balcón, pero a buen recaudo de cualquier fenómeno metereológico y que su fachada ya no exhale “belleza decadente” sino simplemente belleza.

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