Recomendaciones para evitar “el gran incendio”

Recomendaciones para evitar “el gran incendio”

El Gran Incendio de Londres  arrasó la capital inglesa desde el 2 de hasta el 5 de septiembre de 1666. El fuego destruyó la ciudad medieval dentro de la vieja muralla romana de la ciudad. Amenazó, pero no llegó, al distrito aristocrático de Westmister, el Palacio de Whitehall de Carlos II y la mayoría de los asentamientos suburbanos.

Las llamas destruyeron 13.200 casas, 87 iglesias parroquiales, 44 salones de la Livery Company, la Royal Exchange, la Casa de Aduanas, la Catedral de San Pablo, el Ayuntamiento, el Palacio Correccional y otras prisiones de la ciudad, cuatro puentes sobre los ríos Támesis y Fleet, y tres puertas de la ciudad. Dejó a unas 80.000 personas sin hogar, una sexta parte de los habitantes de la ciudad en ese momento. La cifra de muertes por el incendio es desconocida por la escasa fiabilidad de los censos de población de la época.

No podemos imaginar hoy en día una catástrofe de esa magnitud, al menos en el mundo occidental; los materiales son distintos, donde antes hubo madera hoy hay ladrillo y cemento y las medidas de seguridad actuales impedirían cualquier tipo de propagación más allá de uno o dos edificios como mucho.

Pero cuando alguien es responsable de un negocio, pongamos por ejemplo un restaurante que puede tener más riesgo por el uso continuado del fuego y aparatos eléctricos dentro de la cocina, un despiste o un accidente pueden suponer una catástrofe personal comparable al Gran Incendio de Londres.

La seguridad de los trabajadores y clientes es lo principal. Pero tampoco debemos olvidar los hipotéticos daños ocasionados al local en los que pueden estar invertidos los ahorros de toda una vida o en el peor de los casos un préstamo a largo plazo. No hay que olvidar además, que tu restaurante estará seguramente en el bajo de un edificio que también podría verse afectado. Si provocas un incendio serás la estrella en la próxima junta de vecinos.

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Sin ponernos en plan tremendistas, lo primero que debemos tener en cuenta al emprender un nuevo negocio es la correcta adecuación del local o espacio donde se va a desarrollar la actividad laboral. Para empezar, es necesario conocer las normativas de seguridad y protección contra incendios, tanto a nivel nacional como a nivel municipal.

La protección contra incendios de un edificio empieza con el diseño del mismo, para lo cual se exige que tanto el proyecto como la construcción cumplan con todas las normativas exigibles al respecto. Pero la seguridad contra incendios en los edificios va más allá de aplicar la normativa exigible. Existen diversas asociaciones u organizaciones, que cuentan con normas, que no siendo de obligado cumplimiento, si que son de gran utilidad para que los ingenieros puedan definir los medios de protección con los que debe contar un edificio.

Todas estas medidas preventivas y de protección, tanto activas como pasivas, deben estar coordinadas entre sí e integradas en el conjunto del edificio, con el objetivo de que éste responda del mejor modo posible en caso de incendio.

Para casos como un negocio de hostelería, es fundamental contar con un sistema de protección contra el fuego en interiores. Y no hay por que pensar en que va a ser una gran inversión por sistema. Existen muchas opciones en el mercado que, permiten dotar al espacio de resistencias al fuego considerables, sin necesidad de llevar a cabo una gran obra y con un coste muy económico. Pero antes de decidirse por lo más conveniente para tu espacio es interesante conocer cuáles serían todas las alternativas posibles. Existen dos maneras de proteger contra el fuego una edificación:

Protección pasiva

Para empezar debe realizarse una correcta sectorización del edificio. De esta manera un incendio quedaría confinado a un espacio reducido y se evitaría así su difusión al resto del inmueble. ¿Cuáles son los pasos a seguir para una adecuada sectorización?.

  • Protección de la estructura y elementos de la construcción, mediante aplicaciones de productos resistentes al fuego, que mejoran la resistencia térmica del edificio ante la acción del fuego. Estamos hablando de pinturas intumescentes, recubrimientos resistentes como la proyección de morteros de cementos, cal de perlita o vermiculita, placas de yeso, vermiculita y lanas minerales.
  • Sellado de huecos y pasos de instalaciones.
  • Instalación de compuertas cortafuegos.
  • Instalación de puertas resistentes al fuego.

Protección activa

Una vez hemos dotado al edificio de lo necesario para evitar que el incendio se propague de un espacio a otro, entra en juego la protección activa.

La protección activa se encuentra constituida por los siguientes elementos:

  • Central de detección de incendios: Se refiere a:
    -La comunicación con los detectores, pulsadores y otros dispositivos de la instalación, mostrando las alarmas y los fallos que se producen e indicando su situación.
    – La transmisión de señales de alarma y activación de los dispositivos de alarma, alerta y mando de las instalaciones.
    – El Control de la instalación y aviso de cortocircuitos, cortes en la línea, fallos de alimentación…
  • Sistemas de detección: 
    -Detectores de humos, de temperatura y de llama
    -Pulsadores manuales de alarma.
  •  Sistemas de extinción manuales: 
    -Extintores de polvo, agua, CO2, espuma y agentes especiales.
    -Bocas de incendio equipadas.
    -Hidrantes.
    -Columnas secas.
  •  Sistemas de extinción automáticos: Agua nebulizada, rociadores, Gas CO2, polvo y otros gases.

Esto sería una protección “ideal”, es conveniente saberlo antes de consultar a un profesional que nos proponga la alternativa necesaria o más adecuada a nuestro espacio.

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